Expectativas elevadas puede producir infelicidad

expectativas altas

Es muy difícil encontrar a una persona feliz, por eso parece que la vida llena de desgracias y problemas fuera algo normal. Pero no lo es.

En realidad no debería ser así: un estado de alma normal es alegría y serenidad. Nos volvemos infelices debido a las expectativas elevadas que tenemos de nosotros mismos, nuestros seres queridos, nuestro nivel de bienestar y mucho más.

Las expectativas elevadas, a diferencia de un deseo sano de mejorar, no se basan en las posibilidades reales de una persona. Sino en una desviación psicológica que va acompañada de ansiedad, nervios e hipocondría.

Los que tienen expectativas elevadas, siempre creen que se merecen más de lo que tienen. Al mismo tiempo estas personas no se dan cuenta de que no están al nivel de sus propias exigencias.

Por ejemplo: Aspirar a un puesto para el cual no tienen la preparación suficiente o  sueñan con casarse con algún famoso. Sus ambiciones no tienen límite y no se basan en la realidad sino en la ficción de lo que debería ser su vida “perfecta”.

El conflicto del mundo real y el mundo imaginario y la imposibilidad de alcanzar un objetivo propuesto dan lugar a más ansiedad y preocupación.

Al tener expectativas elevadas sufren tanto los demás como la persona misma. Sufren sus hijos, sus parejas, sus padres, etc. Cuando exige perfección se olvida que tampoco es perfecto.

Pero el problema es este: a menudo merecemos precisamente lo que recibimos.

Y nuestra armonía interior depende solo de la percepción. O somos demasiado exigentes con nuestra vida y, por lo tanto, infelices porque no corresponde con nuestras expectativas elevadas, o la aceptamos tal y como es. Simplemente hay que recordar que la pareja y los hijos son personas vivas, también tienen sus debilidades, y no todos nacieron para ser presidentes de empresas multimillonarias.

El primer paso para combatir el síndrome de las expectativas elevadas es darse cuenta de que es una trampa que debes evitar. Si constantemente piensas que todo pudo haber salido mejor, puedes sufrir por ello por toda la eternidad porque la perfección no tiene límite.

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Se realista con tus ambiciones para ti y tu familia. No pidas perfección si no eres perfecto. No pidas a tus hijos de 5 años que se comporten como si tuvieran 25. No te castigues obsesionándote con ser alguien más que tú mismo.

No está mal tener sueños y aspiraciones siempre y cuando sean realistas y trabajes por conseguirlo. Si aspiras a algo imposible, pues será imposible y ahí te volverás infeliz, disfruta tu mejor vida ahora con los pies en la tierra, sueña en grande pero sin herir a los demás y con cierto grado de sentido común.

No todos nacimos para ser presidentes, astronautas, premios nobel, o campeones del mundo en alguna disciplina.

Tú naciste para ser tú mismo.

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