El llamado de Dios al ministerio

El llamado de Dios al ministerio

El llamado de Dios no debe tomarse a la ligera, no debe escogerse como escoger una profesión u oficio, debe ser un llamado directamente del trono de Dios para el individuo. De no hacerse así, muchas veces surgen las personas que renuncian a la obra de Dios puesto que no tenian un llamado genuino y se trató simplemente de una equivocación.

El hombre llamado por Dios, no puede dudar sobre su llamado puesto que irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Cuando venga la prueba en la iglesia, el hombre llamado por Dios recordará el día, el momento y la ocasión del llamado y eso lo hará seguir en su misión en esta tierra. El no llamado está sin fundamento y puede “renunciar” en cualquier momento puesto carece de base en su ministerio.

Dios llama personas especificas a lugares especificos en momentos especificos y de distintas formas según su soberanía.

Los hombres pueden escoger entre las profesiones actuales u oficios, pero no sobre la voluntad divina.

Si anhelas la obra de Dios, buena obra deseas, pero procura con diligencia presentarte ante Dios como obrero aprobado que no tiene de qué avergonzarse.

El llamado de Dios al ministerio es algo supremo.

Planteate la siguiente interrogante ¿Si no recogieras diezmos ni ofrendas en la iglesia y en lugar de recibir un salario tuvieras que poner de tu dinero, siempre desearias ser ministro de Dios ?

¿Si supieras que no tendrás “éxito” en tu ministerio, sino que solo se convertirán unas tres personas en toda tu vida, siempre estarías dispuesto a aceptar su llamado ?

Los ejemplos pueden seguir…. Pero el hombre llamado por Dios sabrá escuchar su voz y seguir su llamado.

El mundo necesita personas ENVIADAS por Dios, no personas que simpatizen con la “profesión” de ser pastores.

Dios: Envía por favor hombres a través de este artículo, que sean tocados a deponer sus propios intereses y que únicamente escuchen tu llamado. De lo contrario, que opten por una profesión u oficio de su afinidad en lugar de hacerse pasar por “ministros” tuyo Señor. Amén.

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